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El viernes por la noche vi el documental Colima. Es un material producido por Audiovisuales UCA y exhibido en Cinépolis Galerías. Contó con la participación de salvadoreños que narraron su realidad vivida en la guerra civil. El personaje principal es Doña Gloria; una madre que encuentra el lugar en donde están enterrados los restos de su hija, desaparecida hace 28 años. Veo este hecho como un milagro porque me parece increíble que haya aparecido el lugar en donde se encuentran los restos de Maribel después de tanto tiempo y de tanta angustia y dolores sufridos por la madre.

Se denominó Colima porque la historia se lleva a cabo en una hacienda con el mismo nombre, ubicada en Suchitoto. Tuvo un proceso de producción de un año y medio. Los períodos de investigación y filmación requirieron de un año respectivamente y el proceso de edición llevó 6 meses. Su género recibió la calificación de “docudrama” por las características que presenta el filme.

Para mí, verlo fue muy emocionante, porque se trata de un tema importante, doloroso, indignante, difícil y hasta polémico que nos concierne a todos como parte de El Salvador. Lamentablemente, es triste pensar que lo proyectado en Colima y en otras cintas semejantes fue experimentado por muchas personas y que algunas de ellas ya no existen porque les tocó perecer en tan cruel acontecimiento.

Mientras veía y escuchaba los testimonios de Doña Gloria, se hacía un nudo muy grande en mi garganta, y la rabia e indignación se apoderaron de mi corazón ante tanta injusticia y abusos cometidos con las muchachas. Sin embargo, de toda la historia, lo único que no me pareció fue la actitud de Doña Rosita al principio. Ella residía en Canadá y había decidido olvidar todo lo vivido en nuestro país. No es que estuviese mal pero, a mi parecer, no debía hacerlo por amor a su hija. Finalmente, Doña Rosa cambió su forma de pensar y decidió ayudarle a Doña Gloria a exhumar los restos de sus hijas. Así terminó la proyección, dejando un mensaje de esperanza para los personajes.



Este mensaje de esperanza también nos llenó de alegría a los que asistimos al evento. Éramos muchos los participantes de esta actividad. En lo personal, me sentí muy contenta al ver a tanta gente, entre ellas extranjeros, que quedaron muy conmovidas con la historia al igual que yo. Recuerdo que todas estas personas se veían ansiosas por ver este material antes de entrar a la sala 10 en donde se presentó el documental. Todos formamos parte de una fila enorme. Creo que, al final, tanta espera valió la pena.

2 comentarios:

Nadie dijo...

Bien dolorosa e impactante esta historia, Mirna. Yo lloré en el cine. Me acuerdo que me dijiste que vos también ibas a llorar jajajaj.

Te comento hasta hoy porque acabo de llegar a la casa, no es que sea malo.

Saludos.

Zaldaña dijo...

HUM mas te vale, Javier... pajas. Gracias por hacerlo, en serio.

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