8:51 p. m. Comment5 Comments

Sería imposible olvidar aquel inesperado accidente que dejó mi brazo rígido como roca. Yo tenía siete años de edad. Ocurrió mientras patinaba felizmente en el pasaje en donde vivo. Di un salto increíble, pero así también fue el aterrizaje que hice en la pared del vecino.

El dolor era insoportable. Deseaba enderezar mi brazo para levantarme del suelo, pero no podía. Comencé a preocuparme por la regañada que me daría mi mamá y, además, porque me prohibirían volver a patinar.

Cuando por fin me levanté, caminé descalza hasta mi casa. Al entrar, fui directamente a mi cuarto; mi hermana se dio cuenta de que lloraba, así que le informó a mi mamá.

La preocupación que sufren las madres es difícil de comprender y, sobre todo, cuando exageran tanto. Como era de esperarse, mi mamá comenzó a untarme “ungüento León” en el brazo. Recuerdo con exactitud que se puso frío y luego caliente, pero el dolor no cesaba.

Tanto alboroto fue en vano porque terminaron llevándome al hospital de niños “Benjamín Bloom”, en donde enyesaron mi brazo. Los primeros días fue tan difícil acostumbrarse al yeso y a lo que implicaba tenerlo. La hora del baño se convirtió en una total odisea, porque debía colocarme una bolsa en el brazo, de modo que el yeso no se mojara. Asimismo, se me dificultó la hora de jugar porque tenía que evitar el sudor en el brazo, para no causar mal olor dentro del yeso.

Así se pasaron los días de mis vacaciones antes de entrar a la escuela. El yeso me acompañó por dos meses de mi vida, dos larguísimos meses para mí. Mi mamá y yo fuimos al hospital el día que se cumplió el tiempo acordado. El doctor sacó una sierra muy finita y partió en dos el desgastado yeso. Mi brazo estaba completamente diferente en comparación del otro, hasta en el color que tenía.

Esta ha sido una de las experiencias más significativas de mi niñez porque trae muchos recuerdos, como por ejemplo: que me llamaban la “niña nueva del yeso” en el primer grado cuando comenzaron las clases. Fue divertido ser famosa en la escuela por algunos días.

5 comentarios:

Rebeca dijo...

Entiendo muy bien tu experiencia con el yeso, Mirna :P
He pasado por eso y otras cuantas cosas bastante incómodas de ese tipo. Definitivamente bregar con un yeso o con una recuperación física más o menos así no es fácil. Se requiere de mucha paciencia; pero al final, vale la pena :)
!Todo sea por nuestra salud!

Rebeca

Carlos Liang dijo...

Hola, está bonito tu blog, me gusta como lo dejastes y sobre todo los texto quedaron bien, pero lo que más me llamó la atención fue brazo de piedra, al leer sentí raro, Suerte.

Antonio Valencia dijo...

Hola Mirna. Hey me gustó un montón tu texto.Uno de niño siempre anda metido en problemas pero esos momentos son inolvidables y son los momentos más felices de tu vida.Te deseo exitos y bendiciones.

William Josué dijo...

fijate que amis primas les ha pasado eso y yo me he burlado. pero de ti no lo hare porque me imagino que es doloroso. cuidate suerte en el blog

Ciruela-Verde dijo...

jiji Yo también he tenido yesos pero en los tibios y sé que no es nada bonito, pero me parece graciosa la forma en la que contas tu expecirncia, la hace ver más interesante y desde un punto de vista alegre y no tragico....

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